martes, 3 de agosto de 2010

Día 1: Cruzando el charco: Tigre – Carmelo

A fin de conocer el país vecino, Uruguay, y la excusa de retomar los viajes en bike luego de mi operación, nos decidimos a cruzar el charco, vía Cacciola y su catamarán. Muy temprano para ser Sábado, tuvimos que tomarnos el tren hasta Tigre. Luego de 20 minutos estábamos pasando por la Aduana, sí, por la “Aduana” que hay en Tigre junto con un par de estatuas de la AFIP. Por suerte el día se presentaba soleado.

































El catamarán era más de lo que esperábamos, casi ni se sentía el andar, lo bueno la estabilidad, lo malo: la gente que no se quedaba quieta en su lugar. Nuestras bikes viajaron como comunes pasajeros, colgadas de las barandas de la embarcación. Con todos los peligros que esto representa (rayaduras, caída de las bikes al agua). Luego de 2 horas, casi 3, llegamos al pequeño puerto de Carmelo (UY). Frío, mucho frío, pero con muchas ganas de pedalear.












La primera impresión del Pueblo de Carmelo no fue la mejor. Se respiraba aire de un lugar muy tranquilo, tal vez, demasiado. En fin, ya estábamos ahí. Comenzamos recorriendo los alrededores del puerto, en busca de algún hotel, para luego ya ir a recorrer la playa (Playa Sere). Esta, una playa pequeña con una escollera y detrás de esta el atracadero de embarcaciones deportivas.






















Digamos que es parte del recorrido de las famosas vueltas de perro de todo pueblo. Siguiendo por la playa llegamos a un barrio carenciado. El mismo con casas precarias y autos antigüos (modelos como Opel, Ford y nn).






















Para luego sí, llegar a la plaza principal del pueblo: Plaza Independencia. Rodeado de una estación de Policía, una Iglesia y un par de locales, entre ellos, el tan recomendado Fai Fai. Este el lugar que nos alimentó día y noche. Lugar que veíamos siempre las mismas caras, las personas que viajaron con nosotros en el catamarán. El día seguía soleado, mientras no parábamos de degustar el asado Uruguayo.













De repente una moto BMW se estaciona en frente del restaurante. A la
brevedad, los gurises del pueblo con sus celulares le empiezan a sacar foto como si fuera una OVNI. Y no era para menos, las únicas motos que existen en Carmelo son todas Honda Biz y sus replicas. (Creo que hay más motos que habitantes). Cuando nos recuperamos del almuerzo, emprendimos viaje, recorriendo las calles empedradas de Carmelo. Era Sábado por la tarde, por lo que, cada tanto se veían personas, perros vagabundos y de fondo, el ruido de las motitos con sus escapes libres. Medio pueblo, dormía la siesta. Recorriendo los lugares históricos, conocimos la Plaza Artigas, el Templo Viejo, las Canteras del Cerro, Plaza de la Madre, La Rambla, el Puente Giratorio…



















































Por supuesto, por la noche, volvimos a alimentarnos en Fai Fai (uno de los pocos y tal vez, el único restaurante recomendable del pueblo). Datos interesantes: - Sólo tiene 1 boliche, llamado “W”, el cual, ese fin de semana estaba la noche “Speed” y el próximo finde se presentará el grupo musical NTVG (la puta madre, hubiera viajado el próximo finde). - Está lleno de autos/camionetas viejas. Modelos de los años ´40-´70. Muchos autos Ford Escort y Opel de los ´70 que andan como si nada. - Motos de marcas chinas son comunes. Estos rodados tienen lugar reservado para estacionar en la calle. - La mayoría de los turistas son argentinos. Algún que otro europeo se suele ver. - Dejar la bike en la calle sin candado es común. Cero riesgo. Es un pueblo.



Día 2: Carmelo (city tour continuación) – Tigre

Arrancando temprano para ser Domingo (10am), previo paso por el super (sí, tienen supers, y varios!!) emprendimos el viaje para la Capilla de las Huérfanas.


Esto eran unas ruinas Jesuíticas que datan del siglo XVIII, las cuales en su momento fueron propiedad del Padre del Gral. San Martín. Para llegar a estas hay que recorrer 17 Kilómetros por la ruta que va desde

Carmelo a Colonia. Todo asfalto y poco transitado.

































Con esto, concluíamos un finde de pedaleada. Retornando en el mismo catamarán y con las mismas personas que viajaron el día anterior desde Tigre.























En total fueron 70 Kilómetros recorridos en 2 días.

Se puede hacer tranquilamente el viaje en un solo día.

También por ruta se puede hacer la conexión a Colonia, sólo son 70 Kilómetros.


Gracias al NBF Team por la indumentaria!

http://www.facebook.com/pages/NBF-Team/82421731967

lunes, 27 de abril de 2009

Algunas panorámicas

Comenzando un sueño

Todo comenzó cuando Gonza me dijo que quería hacer un viaje con el grupo de compañeros del trabajo. Pensaba ir al Sur... Gonza se moría por hacer un viaje de estos con su nueva bike.
Lo empecé a ayudar conseguir los accesorios y repuestos para la bike. Hasta que cuando le fui a comprar las alforjas (las mochilas que van en la bike), pedí 2, ya que estaba :-) alguna vez las utilizaría. Por ese tiempo yo estaba empezando a hacer viajes cortos con el grupo de bike Amigos del Pedal.
Por mi cabeza se me cruzó la idea de hacer un viaje. Le propuse a Gonza, y ahí nos empezamos a interiorizar en que implicaba viajar y que era lo mejor para llevar.
Decidimos hacer un viaje a Córdoba. Abarajábamos varios caminos, pero finalmente nos decidimos.

El viaje de ida – Marzo

Viernes por la noche, salí a las 19hs del trabajo, pase por casa, agarré la bike y pedaleando a fondo con la bike cargada pasé a buscar a Gonza por la casa. De ahí a Retiro sin escalas. El micro salía a las 23hs aprox, y eran las 22.30hs en ese momento.
Llegamos a a la Terminal de Omnibus de Retiro, desarmamos y embalamos las bikes y las cargamos como maletas en el Bondi, previo a $10 al señor que subía las valijas.
Carlos Paz, allá vamos!!

Día 1: El comienzo de un sueño

Sábado
Recorrido: Villa Carlos
Paz – Los Gigantes
Distancia: 47km
Altura sobre el nivel del mar: 1.600 mts.


Llegamos a Carlos Paz como a las 11hs de la mañana. Bajamos los bolsos, armamos las bikes. Todo el mundo nos miraba como bichos raros, ya que teníamos todo dispersado por el piso de la terminal. Preguntamos a un par de personas que andaban merodeando por ahí sobre el recorrido que queríamos realizar.

Y arrancamos, mal dormidos y con muchooo sueño empezamos a transitar las calles de Villa Carlos Paz, por suerte el clima acompañaba. Por mi parte algunos recuerdos de la plaza principal, el lago San Roque, el museo de tractores, en fin un motón de recuerdos debido a un viaje familiar allá por 2005, si mal no lo recuerdo, en el mítico Ford Sierra de mi viejo.

En esos primeros momentos de pedaleo estábamos ilusionados y con ansias de experimentar algo que suponíamos sería inolvidable…. Y no nos equivocamos.

La despedida del asfalto fue inolvidable, una bajada prominente donde alcanzamos 45km/h. De esta manera llegamos a Tanti. Allí abrimos unas latas, galletitas y un rico capuchino instantáneo La Virginia.

La bienvenida de la tierra fue horrible, una calle finita y en subida me hacía cuestionarme qué estaba haciendo en ese lugar.

De pronto se empezaron a ver las montañas y yo, me empezaba a sentir claustrofóbico al no poder mirar al horizonte y ver el mar. A parte de los 5km/h promedio de velocidad cuesta arriba.

El cansancio y el poco estado físico que tenía se hacía sentir, calambres muy fuertes hicieron que transite muchos kilómetros llevando a mi lado la bike… y en subida! Mientras Gon en parte me puteaba y en parte me alentaba para que siguiera adelante con el viaje.

No se de donde sacaba fuerzas, tal vez, porque pensaba que no podía regresar a mi casa y que el único camino que quedaba era seguir adelante para poder descansar en algún lugar como la gente.

Por suerte y luego de tanto pedaleo en subida el camino se hizo más llano y encontramos allá perdido un barcito donde degustamos un rico sándwich con una gaseosa.

Finalmente, luego de varios calambres, puteadas llegamos a un camping que hay sobre el costado de un arroyo. Cerca de los Gigantes. Ya el frío de la montaña se hacía sentir y la noche se aproximaba.

En ese camping sólo estaba el cuidador, un par de gallinas y una parejita acampando. Medio desolador. El cuidador nos comentaba que en la temporada de verano el camping se llenaba, pasado esta, el camping cerraba sus puertas hasta la temporada entrante.

Armamos la carpa, guardamos las bikes en un viejo cuartito, sopita, un par de Ibupiracs y otras cosas y a la cama.

Día 2: Hombre al agua

Domingo
Recorrido: Los Gigan
tes – Las Palmas
Distancia: 73km
Kilómetros acumulados: 12
0km
Altura sobre el nivel del
mar: 1.800 mts.


Un día nuevo comenzaba a las 8 de la mañana. Durante la noche habíamos dormido, pero habíamos pasado bastante frío y había caído un rocío que había humedecido la carpa.
Desayunamos en el quincho del camping, calentamos agua, compramos algunos
chacinados y queso de cabra casero (no apto para hipertensos) nos sacamos un par de fotos en el arroyito, cargamos las cosas en la bike y salimos para lo que sería el segundo día de la travesía.
Por delante 200 mts más d
e subida en zig-zag por la montaña con las nubes muy bajas y mucha humedad.
Ya el paisaje era todo de
montaña, cada tanto algún ranchito precario con sus animales dando vuelta y el fiel amigo, el caballo.
Luego de ver esto, me encontré de frente con una montaña, sí, así como lo leen, veníamos bajando rápido, no pude doblar con la bici en plena curva y me estrellé contra la roca. Raspón en la rodilla que me acompañó por un par de días.
El camino se empezaba a poner interesante, ya la subida abrupta la había dejad
o atrás y comenzaban algunas bajadas. Acá, empecé a disfrutar el viaje.
El tentempié lo hicimos en un paraje (no
recuerdo su nombre) donde la gente nos miraba por la pinta que teníamos junto con nuestras bikes, sopita, galletitas y no mucho más para seguir pedaleando. Ahí, nos reabastecimos de caramelos (comida fundamental para todo ciclista durante el pedaleo), agua caliente y algún que otro alfajor. Por delante, nos quedarían unos 20km (que fueron como 30km de sudor y lagrimas).
Según lo
que nos indicaron en el paraje, había un camping a unos 20km por delante, luego de un par de subidas y bajadas de un camino de tierra compacta.
Confiados seguimos las indicaciones del playero de la estación de servicio, h
asta que derepente el cielo se tornaba negro. Alcanzamos a ver de casualidad a unos chicos que nos indicaron que más adelante sí había un camping, pero no a la distancia que creíamos. Seguimos metiéndole pedal, hasta que de repente empezaron a caer las primeras gotas. Allí decidimos apurarnos para llegar a algún lugar ya que estábamos en el medio de la nada.
No se cuantos kilómetros habrán sido, pero fueron los que más fuerte pedaleamos baj
o un diluvio torrencial y un frío interesante. Finalmente, luego de una curva, donde casi ambos nos vamos al suelo, vimos un ranchito a la vera del camino y un refugio símil a una parada de colectivo (pero en el medio del campo). Allí estuvimos como 20 minutos esperando que calmara un poco la lluvia. De ahí gonza se acercó a la casa (70mts) y pidió ayuda.
Era una casita humilde, con techo de chapa, que al lado tenía un galpon (con una Ford F-100 en su interior), un corral y al lado otra casita más pequeña.
Allí estaba Don Omar y su familiar compuesta por 3 hijos y una sobrina que era de Carlos Paz y estaba de visita
. En sus paredes había una gran cantidad de cuadros con fotos de doma.
Por suerte pudimos ducharn
os y sacarnos el frío. Luego de esto, acompañamos al hijo de Omar al pueblo Las Palmas que quedaba como a 300 mts de esa casa, por supuesto, todos los caminos eran barro 100%. En el pueblo había un par de casas (como diez), un almacen-carnicería-panadería y al lado el típico bar de pueblo (con un par de vagos mirando un partido de futbol).
Ya entrada la noche Omar nos dejó quedarnos en un galponcito, lleno de bolsas de maíz y quesos de cabra caseros. Allí cenamos nuestra primer comida caliente: Arroz con atún. Por supuesto utilizando la mini hornalla con el cartucho de gas butano y el set de ollas de aluminio (Gentileza de Ro).
Desplegamos nuestras bolsas de dormir hasta el día siguiente.
Durante la noche nos tuvimos que levantar un par de veces, porque al estar rota la ventana a cada rato entraba un gato que andaba merodeando por ahí y nos comía las provisiones.

Día 3: Vencer el miedo


Lunes
Recorrido: Las Palmas – Los Túneles – Las Palmas – Pocho – Cuna Brochero
Distancia: 96km
Kilómetros acumulados: 216km
A
ltura sobre el nivel del mar: n/a


El día parecía que iba a estar soleado.
Gonza me había comentado mucho que existían unos túneles que se habían hecho entre la montaña hacía larga data. Luego de insistirme bastante emprendimos el viaje hacia ellos, no sin antes desayunar nuestro capuchino instantáneo, sacarnos una foto con Omar y su familia y comprarle una horma de queso casero como gentileza de su hospedaje. Ahh, y arreglar el primer pinchazo de Gonza.
El camino hacia los túneles parecía interesante, si bien este se presentaba con subidas importantes y mucho barro, el entusiasmo era mayor, aunque mi temor era perder tiempo y no llegar a destino.
Durante el camino pasamos por un camping (estimamos que esa era el que nos habían comentado en el día 2) y un restaurante, por supuesto, todo más que desierto. Más allá de que cada tanto aparecía algún que otro ranchito, no tan modernos y personas a caballo.
Por suerte llegamos al refugio de dichos túneles. Por supuesto, ni un alma dentro de este, creo que sólo había una bandera argentina flameando.
Allí, empezamos a pedalear hacia adentro de los túneles. Mi vértigo se incrementaba, ya que la ruta, si bien era asfaltada, era muy estrecha y el precipicio era importante.
Pasamos el primer túnel y me quedé impresionando. Es imponente la obra que hicieron los obreros en esas montañas. Estas que se llevaron muchas vidas hasta terminar la obra.
El camino de un túnel al otro era con un leve descenso, por lo tanto la velocidad era elevada y mi vértigo mayor. Por supuesto, utilicé bastante los frenos.
En el cuarto túnel nos encontramos con un motociclista que venía desde la rioja y c
on una van de excursión que le metía bastante pata.
Ya las nubes estaban por debajo de nosotros, el frío y la humedad se hacían sentir acompa
ñado de una llovizna muy corta. La vista insuperable, estábamos mirando valles muy verdes y por encima de ellos pompones de nubes. A su vez del espectáculo de los cóndores que revoloteaban por ahí.
La verdad, valió la pena desviarnos de nuestro recorrido.
Ya nos acercábamos al mediodía y teníamos que regresar al pueblo. El camino que tanto lo padecimos de ida, lo adoramos a la vuelta. La velocidad arriba de la bicicleta era elevada y más, con la carga que teníamos en nuestras alforjas.
Antes del llegar al pueblo, nos detuvimos en una capillita del Siglo n/a, destrozada, pero cómo típico de lugar turístico, afuera vendían artesanías. A su vez de llegar un contingente de turistas.
Parada técnica en Las Palmas para almorzar nuestras provisiones, ya que en el bar no nos podían preparar nada.
Luego
de engañar al estómago seguimos camino a Pocho. Un pueblo que tiene una plaza principal, una capilla y en las cercanías una sala de medicamentos.
Nos hidratamos en un barcito del pueblo, donde nos pusimos a hablar con su dueña. Ella ya hacía un tiempo que estaba instalada en ese pueblo, luego de haber vivido largo tiempo en Caballito – Capital Federal.
Por delante nos quedaba un camino de tierra muy serruchado y unos kilómetros de ruta para llegar a Cura Brochero o Mina Clavero (nunca supe donde pasamos las 2 noches restantes).
Una vez finalizado el camino de tierra, encontramos un almacén donde tomamos nuestro rico y suculento capuchino ya para encarar los últimos kilómetros del día, pero por asfalto. Estos los padecimos bastante al comienzo, ya que el terreno era bastante plano, pero el viento nos hacía pedalear como si estuviéramos en subida. Esto ocurrió hasta que de repente a nuestros pies teníamos el pueblo de Cura Brochero.
Por sue
rte la llegada a este fue en descenso por ruta, por ende, la velocidad eran elevada :-)
Llegamos al pueblo, pasamos por Información Turística y nos fuimos a un camping a la vera de un río. Por fín, esa noche íbamos a tener una ducha con agua caliente como la gente.
Una vez instalados en el camping, armamos la carpa, y nos dirigimos al pueblo para reabastecernos en el supermercado y arreglar otra pinchadura de Gonza.
Esa noche se me ocurrió hacer un asado. Comimos asado, gracias al fuego que nos brindaron las personas de al lado de nuestra carpa. Ya que nos fue imposible (hasta con las bolsitas de aserrín y kerosén) hacer un fuego como la gente. Luego de un rico asado nos desmayamos hasta el otro día, una forma de decir, ya que a mitad de la noche y con un frío importante escuchamos ruidos al lado nuestro, lo que hizo que Gonza saliera a fijarse que era este. La noticia no pudo ser peor, el asado de más que habíamos hecho y dejado en la parrilla para el otro día, lo había agarrado el perro del camping.


Día 4: Relax

Martes
Recorrido: Cuna Brochero – Museo Rocsen – Paso de las Tropas - Cuna Brochero
Distancia: 38km

Kilómetros acumulados: 254km
Altura sobre el nivel del mar: n/a

Este día lo utilizamos para descansar, ya que estábamos con tiempo de sobra. Dejamos todo armado en el camping y sólo cargamos nuestras bikes con lo necesario para pasar un día en el Museo Rocsen y en Paso de las Tropas, un balneario cercano a este, donde Gonza por hacerse el banana en el arroyo días posteriores se agarró un lindo resfrío.
Al museo y
a lo conocía, pero estuvo bueno mirar con más detenimiento y conocimiento la exposición.


Día 5: Por los caminos de Recalde




Miércoles
Recorrido: Cuna Brochero – El Cóndor
Distancia: 61km
Kilómetros acumulados: 315km

Altura sobre el nivel del mar: n/a

Alistamos las bicis y nos dirigimos al comienzo de la ruta provincial 34 “Jorge Luis Recalde” o también llamada Camino de las Altas Cumbres.
Cuando ingresamos a la ruta nos asombramos por la belleza que estaba frente nuestro. Una cadena montañosa co
n un camino que apenas se veía. Y que pronto alcanzaríamos.
No fue fácil la subida. Muchos coches a toda velocidad, humedad propia de las nubes que estab
an al nivel de nuestros ojos y un frío que se hacía sentir.
Tras tanto ped
aleo y luego de haber parado al mediodía para ingerir algo rápido, continuamos camino hasta llegar a un destacamento policial, donde tuvimos que esperar que el policía termine de sacar gas-oil para su Ranger de un tambor de 200 litros para calentar un poco de agua para un té caliente con el fin de que nos sacara el frío y nos calmara el hambre.
Continuamos con subidas y bajadas pronunciadas. Aquí experimentamos la sensación de aerodinámica en las bicis. Si bien alcanzábamos grandes v
elocidades (más de 50km/h), el viento hacía lo suyo y nos forzaba a pedalear para no perder la velocidad lograda.
Por fín llegamos al paraje el Cóndor. En el trascurso desde el destacamento policial al paraje nos congelamos. Estábamos destrozados y con mucha hambre. Por suerte, un café con leche nos reavivo.
Pedimos permiso y armamos la carpa bajo un tinglado al lado del restaurante. A los pocos minutos que comenzamos a armar la carpa arribó Cristian. Un ciclista que venía desde Río Cuarto pedaleando y que había padecido el camino de Copina en subida (Camino que al día siguiente íbamos a emprender, pero en bajada).
También cayó Victor, un cicloturista de Buenos Aires que estaba también en excusión.
Allí, todos comenzamos a terminar de armar las carpas para pasar una noche muyyy fría en el medio de la montaña.

De repente apareció Rafa, un señor entrado en años (50 aprox) que estaba alojado en unas cabañitas detrás del restaurante de El Cóndor. Estaba disfrutando de su nueva bike de DH.
Entre todos nos deleitamos con un churrasco con unas buenas paparitas.
Por supuesto, anécdotas, historias de vida y buenos
amigos. Ahh y un Fernet de por medio. Infaltable!